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La pereza es un crimen, me dijo. Levanto su pollera y se arrojo sobre mi. Me amo repetidas, incontables, inenarrables veces. Y partió, quien sabe donde, con la premura de una estrella fugaz que hace brillar un bucólico firmamento.
Solo me dejo su aliento, volcado sobre mi piel, la tibia humedad corrida sobre las sabanas y un viejo grabador batiendo ondas en el fondo del amanecer.

 


Alison beberé tu vino
Vestiré tus ropas cuando ambos estemos volados
Alison dije que nos hundimos
Pero ella se ríe y me dice que todo esta bien
Adivino que ella esta por ahí, en algún lugar.

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