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A principios de los ochentas, digamos antes de 1985, no era fácil conseguir porno en Mar del Plata. De hecho, creo que no era sencillo en ninguna parte de este país. Ubíquense, recién comenzaba la Tv en color, no había cable(ni hablar de Venus o algún canal porno ), y los vídeos recién comenzaban a circular, todavía en los dos formatos en pugna, VHS y Betamax.Existían algunas revistas, claro esta, como Libre, Viva, Shock o Destape, que habían salido a la luz en la primavera democrática de los primeros años del gobierno de Alfonsin. No vayan a pensar que podían ver mucho…a lo sumo la mitad de un pezón,una buena tanga y paren de contar.

Para conseguir material explicito era necesario arriesgar un poco mas o contar con recursos estrafalarios y poco comunes, como un proyector casero de films o un aparatoso reproductor de vídeo, y aún así el material disponible era muy escaso.

Para ver películas subiditas de tono y por lo general mutiladas por los años de censura del Proceso, contabamos con dos cines, si l amemoria no me falla, el Olimpia y La Botonera (este quedaba en Rivadavia y Rioja, creo, y desapareció hace ya mucho tiempo). En esas dos catedrales del morbo adolescente nos recreábamos con Sarli, Laura Antonelli, Ornella Mutti, o la fantástica sueca Edwig Fenech.Claro que acceder a esos lugares no era sencillo, debían sortearse algunas cuestiones practicas entre las cuales no era lo menor el armarse del coraje necesario para coimear al acomodador.

Pero eso era soft core o películas eróticas o simplemente películas que contenían algún desnudo y que por lo tanto caían bajo la clasificación no aptas para menores de 18 años. Para ver porno, auténtico material explicito había que dirigirse al mítico Cine A, que por esos años contaba con un sala pedorra, un proyector mas pedorro aún y estaba lejos de tener una sala exclusiva para porno gay.

Una de los primeros films porno que pude ver fue El Diable en la Señorita Jones, un clásico de 1973. Los setenta son la época en la que el cine porno comienza a aspirar a un lugar central y a querer contar historias trascendentes. Como tantas otras cosas, como el punk por ejemplo, llegaron tarde a la Argentina, debiendo sortear los años de censura de la dictadura militar. El Diablo en la Señorita Jones no es una película porno del montón, es un clásico y es un intento de trascendencia del porno y de aspiración del mismo a la conquista del espacio público que lo saque de la abulia del ámbito privado. Después de todo cuantas prono conocen que comiencen con el suicidio de la protagonista y que nos cuenten que consecuencias tendrá semejante pecado?…no, no muchas.

Y todo esto viene a cuento de que ?

Viene a cuento de Massive Attack, de Hope Sandoval y de un extraño vídeo en el cual la banda de Bristol homenajea a esta pelicula e incluye un mini reportaje a Georgina Spalvin, la protagonista de Devil´s in Miss Jones.

No es material apto para los chicos, ni un enlace seguro para el trabajo.

Enjoy.

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